domingo, 12 de septiembre de 2010

Sobre la autoridad en la Escuela

La situación en el aula pone en juego la acción coordinada, la complicación de los procedimientos supeditados los unos a los otros, desplazando en todas partes a la acción independiente de los individuos por el intercambio y el vínculo con los otros. Al decir acción coordinada digo organización. Ahora bien, ¿es posible una organización sin autoridad?

A mi entender la respuesta es negativa. No es posible organizarse sin que surja una autoridad. La misma se constituye a través de quien sugiere la solución a un problema planteado, también ante quien se hace responsable por la decisión y el camino tomado. Entonces la pregunta que se desprende es ¿quién debe encarnar esa autoridad?

Antes de responder esa pregunta considero pertinente aclarar que por autoridad, en el sentido en que se utiliza la palabra, quiere decir: imposición de la voluntad de uno sobre otro (puede ser en plural); autoridad supone, por lo tanto, subordinación.

Si uno se detiene a examinar las formas actuales de los vínculos en las escuelas se encuentra que predomina a simple vista la fragmentación dentro del grupo, la diferenciación y la individuación. Ante esto resurgen las expresiones, por parte de los adultos, acerca de la necesidad de intervenir para recuperar el vínculo entre los integrantes del grupo. Si es posible reconstituir el vínculo esto se debe fundamentalmente, a que se reconoce que uno no es sin el otro. Esto se evidencia en que se mantiene la acción combinada de los individuos, en este caso los estudiantes, debido a que “estamos tejidos a partir de los sentidos y significados de los otros (…) en ese sentido la idea de que yo puedo determinar el significado de mi propia vida es ilusoria”.1

La solución está al interior de la escuela y me parece que es loable buscar erigir a los propios protagonistas de ese espacio en sujetos. Sujetos que no pueden conformarse como tales sin la presencia del otro y sin el encuentro y la diferenciación con este último.

Sin embargo en la escuela, esta es mi consideración, el alumno no posee las suficientes garantías para conformarse como sujeto debido a que aparece como un espectador ante el mundo institucional que lo devora. Los programas curriculares, las sanciones, las normas de convivencia, los horarios, el curso o la división se imponen sobre los estudiantes. Se expresa así una concepción del poder basado en un supuesto saber. En síntesis la escuela se presenta como una institución que al día de hoy, con las nuevas tecnologías por un lado y con las escasas expectativas por el otro, solo aparece ante el adolescente como una carga.

Considerando que los alumnos no se constituyen como sujetos porque aparecen en un rol pasivo frente a la institución creo que la respuesta está, en parte, acá. Son los propios alumnos quienes deben involucrarse en su actividad creadora. Deben ser ellos mismos quienes puedan lograr un rol de autoridad frente a sus compañeros al haberse instituido en organismos que los representen. Deben buscarse los medios para que los alumnos puedan pensar el colegio en conjunto con los otros actores.

El adulto, docente / directivo, debe colaborar en la construcción de los espacios. Debe pensar al alumno no como individuo tendiente a “zafar” como si esa fuera su esencia. Sino empezar a ver un sujeto que en el debate de las prácticas de su vida, se constituye. Son los propios alumnos quienes sostienen cotidianamente el espacio áulico. El docente, a mi entender, debe buscar organizar las expresiones que surgen entre ellos, colaborar en encontrar formas de que puedan comunicarse lo que los conforma como individuos dentro de su grupo.

Creo que el docente (incluyendo a los equipos de dirección) debe repensar su rol. Dejando el lugar de un saber sin fisuras, para transformarse en un orientador y en un organizador de los posibles medios que los alumnos pueden presentar para la conformación de ese saber que, en ese momento en particular, se está trabajando.

La autoconciencia (conciencia de si mismo y de los otros) del alumno deviene solo si es posible que él se apropie de su actividad realizada y si su goce, en el descubrimiento, no se vuelve una desventura.

En definitiva, son los propios alumnos quienes conocen más a fondo sus problemas como grupo. Son los propios alumnos quienes identifican quién está siendo agredido constantemente, quién no hace la tarea de determinada materia. Son ellos quiénes pueden manifestar el problema porque lo conocen, lo viven, lo padecen. Debería ser parte de su tarea, entonces, resolverlo.
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1 Eagleton, T. “El sentido de la vida”, ed. Paidós, ed. 2008, cap. El eclipse del sentido, pág. 164

lunes, 19 de julio de 2010

Una noche, una nueva soledad

En esta noche, en esta madrugada, solo puedo utilizar las palabras de Alejandra Pizarnik; "La soledad es no poder decirla por no poder circundarla por no poder darle un rostro por no poder hacerla sinónimo de un paisaje..." (del poema La Palabra del Deseo)

lunes, 15 de marzo de 2010

Carta de un docente a sus docentes:

Llegué a la educación por una mezcla del azar y de la intuición. Nunca renegué de tu esfuerzo y de tu voluntad docente. Pero mis deseos de explicar, compartir y acompañar se hicieron fuertes en mi a través de aquellos que construían el sentido de un mundo y sus objetos que a simple vista se presentan como un sin sentido.

Aunque lo intento me cuesta recordar a un docente, en el ámbito de la educación formal, impulsando la búsqueda de ese sentido. Recuerdo más al objeto libro que se transformaba en sujeto activo del curso. Es decir que el saber estaba en el libro y no se hallaba en el docente y menos en nosotros, los alumnos. Recuerdo también que la dificultad mía por decir lo que pensaba no se quebrantaba por la intervención del docente, quizás más apegado a reconocer en la verdad lo correcto y en el error, no la posibilidad de construcción, sino el fracaso.

Pienso en el docente hoy e inevitablemente pienso en el docente de hoy y lo encuentro en un hiato en dónde se combinan, paradójicamente, el romanticismo y su idea de orden con el positivismo y su concepción gradual y evolucionista de progreso.

Sin embargo no reniego que la educación sigue siendo la instancia de posibilidad. El ámbito en donde es una decisión política enfrentar la clase y posicionarse ante ella. En definitiva, no puedo culparte a vos docente porque para responsabilizar uno debería preguntarse ¿quién educa al educador?

martes, 2 de febrero de 2010

La noticia y la noche

Hace un rato, no más, tuve con la dulzura a mi lado el primer indicio de un nuevo no. Frente al mismo hicimos silencio. Ante el brazo del silencio, tan abarcativo, se me presenta una pendiente abrupta. Feroz.

En algunas horas ese no será convalidado por el Saber, pero lo que sucede es que ya no quiero saber. No busco ese Saber, sino simplemente el hacer. ¿Por qué es difícil?, ¿por qué no se puede salir de esto? Nuestra búsqueda continua, el dolor está en el momento del encuentro con el vacío, tan lleno de dolor, añoranzas pérdidas, deseos desvanecientes, es cuando del otro lado del teléfono escucho la voz que dice: "Dió negativo"....Y mi dulzura y yo seguimos recorriendo el camino, no quiero cansarme...Pero, ¿quién no se cansa?

En el libro "La inmensa soledad" (F. Pajak) que me regalo un profundo amigo mío el prólogo cita a Nietzsche quién dice: "En definitiva, nadie puede sacar de las cosas, incluidos los libros, más de lo que ya sabe. Se carece de oídos para escuchar algo a lo que no se accede desde una experiencia vivida." (Ecce Homo)

¿Cómo explico estas lágrimas. que no conforman un llanto, en mis ojos esta noche?
Se cruza lo racional ante los dichos de Nietzsche. Sé que existe la transmisión sino no existiría la historia y el aprendizaje pero también sé -vivencialmente- que la empatía solo muy pocos pueden generarla al escuchar al otro. Pero ¿acaso en su frase, Nietzsche, nos pretende hablar de la empatía? o sencillamente ¿nos habla de que lo que nos acontece en nuestra individualidad (y como eso nos afecta) solo es posible sentirlo en soledad? También sé que hay muchas formas de ser padres, muchos senderos que transitar que este no de hoy, no es definitivo; sin embargo hoy estamos en este camino...Y este nuevo quiebre es el que duele. ¿Quién lo puede negar? ¿Quién no lo puede entender?... Pero solo la dulzura a mi lado y yo podemos sentirlo y aún ahí, en nuestras experiencias, en nuestras resignificaciones ante este nuevo no cada uno está solo.

Hace una semana recibimos una noticia que nos anticipaba este final, no con certeza. Nos besamos, nos abrazamos, ella lloro... luego reaccionamos viendo que hay tantas porquerías en el mundo y que quizás es mejor salvarse y seguir...agarramos un whisky yo y un vaso de champagne mi dulzura y nos divertimos...¿A quién engañamos? Nosotros seguimos queriendo lo que estamos buscando. No dejaremos de buscarte. Porque sabemos, porque queremos. Porque yo quiero ser padre. Porque la dulzura quiere ser madre.

domingo, 31 de enero de 2010

Sobre el Film: The Road (El Camino)

Viggo Mortensen representa a un padre que, junto a su hijo pre-adolescente, intenta llegar a un horizonte que queda siempre al sur sorteando las dificultades que les plantea la situación planetaria. La película nos muestra una tierra gris, con árboles muriendo, con grandes ciudades convertidas en zonas fantasmas y con una disgregación social que impulsa al surgimiento de actividades de canibalismo entre los pocos seres humanos que habitan en la tierra.

La práctica del canibalismo no será menor a lo largo del film. Distintas escenas pueden interpretarse desde un paralelismo con la sociedad moderna. Kodi Smit-McPhee, quién hace de hijo de Mortensen, es observado por un tercero que lo descubre cuando ambos se escondían. De la escena puede apreciarse como el cuerpo joven es mirado con deseo de ser consumido, mirado como si fuese un objeto, de este modo la mirada le quita humanidad al joven.
Otra escena, que mantiene el hilo de los hombres como mercancías, objetos de consumo, es el encuentro de Mortensen con un grupo de hombres literalmente almacenados para ser consumidos (devorados), ya sea en su totalidad corporea o por partes.

Es interesante, además, esta mirada sobre el canibalismo porque al iniciarse la película el narrador nos dice que siempre el problema es la obtención de comida. Quizás sin saberlo la película pone en evidencia la dependencia que el hombre tiene de sus necesidades y como estás se imponen. Sin embargo, no deja escapar que es posible controlar las mismas pero a través de un ejercicio consciente de toma de posición. Es decir, parafraseando a Hegel, que se hace consciente la necesidad para de ese modo ser un hombre libre.

Es un film que constituye parte de nuestra inmensa soledad. El padre va avanzando con su hijo mientras intenta prepararlo para cuando "llegué el día" y él (su padre) ya no esté.

Soledad, desconfianza, sueños que se quiebran y un lento camino hacia lo irremediable son los signos de esta película. Una mirada desoladora que solo se rescata en breves escenas que nos representa a la vida cotidiana o en simples miradas y diálogos entre los protagonistas.

Por último me gustaría agregar que es un film, en cuanto al rol del padre, antagónico a lo que se observa en "La vida es Bella" (Roberto Benigni). Si en este film el padre es un cariñoso, casi estúpido, constructor de historietas durante el período más cruel que ha conocido la humanidad; Mortensen hace de un padre que educa sin miramientos. Que lo prepara para lo inevitable vivir o morir, por lo cuál siempre está latente la necesidad de matar. Un padre que le dice a su hijo, ambos frente a un cadáver ya en descomposición, "vamos, esto no es nada nuevo". Nos coloca así ante la posibilidad de ser padre en medio de una catástrofe, como también a decidir qué hacer, con uno mismo, como lo hace la madre. Decisión que se intuye pero que la película va mostrando.
No hay manera de ser padre y madre, sino más que siéndolo. Eso está reflejado en el film.

Vale rescatar, además de esto, un aspecto sumamente emotivo que se encuentra en el diálogo que mantiene Kodi Smit-McPhee (quién hace de hijo de Mortensen) con un desconocido al final de la película dónde le pregunta con total ingenuidad, a pesar de haber sido educado insistentemente en la desconfianza, "si tiene el fuego interno". Pregunta que nos interroga sobre la posibilidad de la existencia de la bondad humana.

En definitiva es una gran película, que a mi me ha generado mucho dolor.